sábado, 23 de junio de 2018

La pasión que navega entre lo prohibido y lo nomotético


Por Eli Quezada

“Según la definición de los estoicos, si la sabiduría no es sino guiarse por la razón y, por el contrario, la insensatez dejarse llevar por el arbitrio de las pasiones, Júpiter, para que la vida humana no fuese irremediablemente triste y severa, nos dio más inclinación a las pasiones que a la razón.” Erasmo de Rotterdam.

Las pasiones nos permiten vivir con voluntad, con energías, todos los instantes de placer de la vida, que es toda.  Son las pasiones, la chispa, el combustible vivo de nuestras células y si no es por ellas, las pasiones, estaríamos como muertos...muertos en vida. Las metas, las visualizaciones, la creatividad, las ideas son motorizadas por las pasiones. No en vano Hegel decretó que “Nada en el mundo que valga la pena se ha conseguido sin pasión.”

Para ser virtuoso o simplemente para hacer bien un oficio, un estudio,  o un trabajo, se necesita pasión: devoción, obsesión, perseverancia... hasta cierto toque de locura. Entonces, que me disculpen los estoicos; pero hasta para guiarse de la razón se necesita pasión.  Se ha entendido el termino pasión como  referencia de sufrimiento, padecimiento, suplicio...Ejemplo: La pasión de Cristo.
Este tema viene halado por los pelos de una novela turca que, aunque ya había sido rodada en Telemundo Studios en Miami  está basada realmente en una novela escrita en Turquía  y grabada en Estambul en el 2008. Con un elenco de lujo como en el caso latino*Pasión Prohibida,  y del cual les dejo un artículo que hice al respecto en aquel entonces. [i]

Nuevamente me vuelve a conmover la trama original, por demás;  y con el elenco turco (Ask-i Memnu) en español, ‘Amor Prohibido’... los sentimientos envueltos, las deslealtades, las culpas, las mentiras; el desamor, los secretos guardados bajo siete llaves... en fin, los problemas que los seres humanos nos endosamos por tomar malas decisiones o bajo el imperio de las pasiones. O dicho de otro modo, decisiones de callar y no hablar a tiempo. Decisiones basadas en la ignorancia de nuestros propios deseos. Incluso, decisiones que se toman por cobardía, en algunos casos y por exceso de soberbia en otros. Sentimientos humanos debatidos y bien personificados que mueven a reflexión y que quiero compartir con ustedes por si a alguno les mueve la memoria... Hay que recordar que lo importante no es caer... lo importante es levantarse.

Lo que me gusta mucho de este drama es que no discrimina en el aspecto socioeconómico, ni de género ni en cuanto a la edad. Lo que pone de manifiesto que a todo ser vivo le puede llegar su hora, la hora de la decisión, la hora de la pasión, del amor, del error, de la muerte, que al fin y al cabo es vivir.

El amor-pasión-desamor se abre como un abanico de influencia que alcanza a todos los niveles. Es cierto que hay un final inesperado pero ya sabemos que causa más impacto en los lectores y/o televidentes  esa clase de desenlace. Como si se buscaran caminos para lavar las culpas y dejar a todos contentos como especie de moraleja. Una forma de castigo... vale decir. Se vuelve la trilogía, culpa, pecado, perdón.  O en todo caso expiación de los ‘pecados’. Con lo cual queda claro que el sentimiento ético pero sacro queda plasmado en el drama.

Cuando expreso que no hay discriminación entre los personajes en conflicto lo digo porque, los amores tocan a todas las puertas, primero, al señor viudo millonario; a la madeimoselle institutriz con sus cartas escondidas que lo expresan; a  la joven de la casa enamorada de su primo que la estima como a una hermanita menor. -La modelo bella que ama locamente al soltero codiciado mientras que este solo la tiene para momentos. -La joven que cree odiar a su madre por adúltera y por ser,  en parte, culpable del infarto de su padre, quien la descubre en el acto. Esto la hace tomar la decisión de casarse con el millonario solo para que la madre no tratara de atraparlo. Ya lo tenía en la mira. Mejor dicho para arruinar los planes de la viuda con el viudo. Este juego como imaginan le sale caro a la joven. No obstante hay que subrayar que no se casa por el dinero del millonario a pesar de las quejas de la madre, quien les recuerda que están en bancarrota; sino por molestar la. La hija contrario a la madre no repara en el dinero. No es ambiciosa. El amante de la madre la ama realmente pero esta lo rechaza porque no tiene linaje ni fortuna. Ante una crisis de perder su mansión o morir decide suicidarse por la vergüenza publica social; pero sus planes fallan y logra instalarse en la mansión de la recién casada hija; asumiendo el viejo viudo millonario todas las deudas superfluas en las que su suegra había incurrido. Su personaje, para mí, es el más banal. Una mujer vacía, que vive por y para lo que digan los grupos que frecuenta y que se mide en relación a las joyas y patrimonios que tiene la gente. Es manipuladora de sus hijas y, ni siquiera se propone ser feliz con el hombre que la ama y con quien ella construyo  la tumba de su esposo y padre de sus hijas.

Otro amor intenso que involucra pasiones y conflictos... es el que siente el chofer de la casa por la joven, hija del millonario, que a su vez, ama al primo. Todas estas pasiones engranadas se ponen al servicio de la intriga, de las acechanzas, del suspenso... de las huidas y escapadas... del chisme. Etc.
La culpa... sentimiento capaz de hundir al más razonable y cabal de los seres humanos hace trizas el corazón de los involucrados. Un instante, un segundo de locura puede llevar al abismo a cualquiera. Por eso hay que ser cauteloso al emitir juicios de valores. Solo hay que vivir en la tierra para cometer errores. Para tomar decisiones que nos cuesta caro resolver... si es que se puede. En todo caso nos cuesta la felicidad que es el fin mayor de todos.

A veces, creemos que los pecados o como los quieran llamar son diez, y entre ellos no matar, no codiciar, no adulterar, no robar, etc... Pero nos olvidamos de aquellos llamados ‘Pecados Capitales’; y por algo será que son capitales. Son más fáciles de enquistarse bajo la piel y metamorfosearse como cualidades o caracteres incluso. Recuerdo un segmento en la película de Al Pacino, haciendo de ‘el diablo’ en “El abogado del diablo”, donde decía algo parecido a que ‘la vanidad es un pecado en el que todos caen con facilidad’. Y yo no diría solo la vanidad sino la soberbia, la ira, la envidia, etc.
Es esta novela una clara distribución de estas pasiones que desgastan el alma humana. A veces pienso que si todos nos entendiéramos y el amor no fuera como una posesión casi material del otro... los conflictos no fueran tales.  Me explico. Si la pasión existe, se vive, se disfruta, y si no pasa al estadio del amor: Aquel que todo lo puede, que todo lo perdona, que todo lo soporta... entonces se dice adiós. Sin rencores, sin pleitos, sin patrañas... aceptar que no pudimos ser el uno para el otro.  Ojo, no estoy banalizando el matrimonio. Pero no es justo vivir un montón de años sin que exista esa chispa divina que no solo es amor, respeto o comprensión... es pasión que explota y prende fuegos artificiales en nuestra piel.

La pasión es rubor constante... es perturbar las vísceras cuando ves al sujeto amado; es renacer cada vez que te toca y forman una unidad en ángulo perfecto. Es tener alas de mariposas a pesar del tiempo o la distancia... o a pesar de tenerlo toda la vida a tu lado, seguir vibrando como con el primer beso... gozar con el simple calor de sus manos. Deleitarse con su risa. Reír cuando ríe. Y llorar cuando llora. La pasión nos acalora, nos sofoca, nos pone trémulos, ansiosos, inocentes, necios. La pasión nos aleja de la razón (tiene razón Rotterdam).

¡Qué rico es amar apasionadamente! De modo que, invito a seguir este enunciado inteligente de Thurman: “No te preguntes qué necesita el mundo; pregúntate qué te hace sentir vivo. Y después sal y hazlo. Porque el mundo necesita gente que esté viva.”  

EQ/eq



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